ARTÍCULOS

Un premio al mejor postor: ¿por qué la teoría de las subastas recibió el Nobel?

Sita de Abreu Sousa, estudiante de Estudios Liberales, Universidad Metropolitana.-

En su quincuagésima segunda edición, la Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el Premio a las Ciencias Económicas a los estadounidenses Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson por sus innovaciones teóricas y prácticas en la teoría de las subastas, una rama de la teoría de juegos.

Fuente: El Cronista

Sita de Abreu Sousa, estudiante de Estudios Liberales, Universidad Metropolitana-.

Conocedores y desconocedores del tema manifestaron su escepticismo con respecto a la decisión de otorgar tales laureles a un estudio sobre las subastas cuando hay problemas más acuciantes. El año pasado, por ejemplo, se le otorgó este premio a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer “por su enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial” (Nobel Media AB, 2020). De paliar la pobreza mundial a mejorar las subastas hay, aparentemente, un largo trecho. Sin embargo, para no pecar de soberbia o ignorancia, valdría la pena escuchar las palabras de un economista de la talla de Alvin E. Roth, quien en 1991 sostuvo que el éxito de la ciencia económica dependerá de la forma en la que principios generales de la economía puedan tener incidencia en responder interrogantes claves y prácticas de la ingeniería microeconómica (The Economist, 2020). Esto es exactamente lo que lograron Milgrom y Wilson, y, si Roth está en lo cierto, no debiera extrañarnos que algunos de los próximos galardonados tengan similares enfoques microeconómicos y de diseños de mercado.

Quizás sea prudente indagar brevemente en la historia de este galardón en lugar de aventurarnos a especular sobre su futuro. Hay varias particularidades que distinguen lo que comúnmente se conoce como el Premio Nobel de Economía de los demás. Para empezar, no es, estrictamente hablando, un premio Nobel. Su nombre completo es Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel. A diferencia del Premio Nobel de la Paz o el Premio Nobel de Literatura, Alfred Nobel no contempló en su testamento un galardón para las ciencias económicas. Su origen fue iniciativa del Banco Central Suizo que, con motivo de su tricentenario, donó una cuantiosa cantidad a la Fundación Nobel. Así, casi siete décadas después de la primera ceremonia de los premios Nobel, se crea y otorga el primer premio de Economía a Ragnar Frisch y Jan Tinbergen “por haber desarrollado y aplicado modelos dinámicos para el análisis de procesos económicos” (Nobel Media, 2020).

Retrospectivamente, no parece injusto tomar en cuenta a la disciplina económica como una de las categorías de esta prestigiosa premiación, especialmente considerando los enormes pasos que dio esta ciencia durante el siglo XX, escenario de la Gran Depresión, el keynesianismo, las experiencias hiperinflacionarias, el New Deal de Roosevelt, el surgimiento del ordoliberalismo y los “milagros económicos” de Alemania y Japón, por solo mencionar unos pocos eventos. Para tener una idea, fue tan apabullante e innovador el pensamiento económico posterior a la Segunda Guerra Mundial que se extendió la idea de que se estaba desarrollando una “nueva economía”. Pero las preocupaciones que invadieron los titulares de la prensa y animaron esta una nueva forma de pensar sobre la economía a partir de 1930 fueron predominantemente macroeconómicas. De la misma forma, cuando el economista Branko Milanovic publica un hilo en Twitter en objeción a que se le otorgara el premio a Milgrom y Wilson, lo hace para defender los “big economic issues”  ―ej. pobreza, desigualdad, sostenibilidad, capitalismo― en oposición a una teoría de las subastas que, en su opinión, no tiene tanta relevancia (Milanovic, 2019). Defensores de los méritos de Milgron y Wilson, por el contrario, arguyen que la importancia de la teoría de las subastas consiste en dar luces a las interrogantes que han animado a otros economistas: ¿cómo se logra una distribución eficiente de recursos a través de la información compartida?

En una subasta el valor que se le otorga a un lote depende de la información que los potenciales compradores tengan de él. Lo interesante es que dicha información se hace pública en la subasta misma: la valoración que un comprador atribuye a un bien se verá influenciada por la valoración de otros compradores competitivos. No se trata, pues, simplemente de un espacio de compra en el que cada postor hace una oferta con base en sus preferencias personales, sino de un complejo mecanismo de interacciones donde las decisiones de uno afectan las del otro y la información es clave. El parentesco con la teoría de juegos se hace evidente. Lo que lograron Milgron y Wilson fue desentrañar la teoría detrás esta dinámica y darle utilidad práctica al diseñar un formato de subastas conocido como SMRA (Rondas Simultáneas Ascendentes), por medio del cual los postores hacen su oferta durante varias rondas que tienen lugar al mismo tiempo. Al final de cada ronda se revelaría información nueva acerca del bien y las apuestas, permitiendo que la venta fuera más eficiente y lucrativa.

La primera vez que este formato de subastas se implementó fue en la distribución por parte del gobierno estadounidense de derechos sobre el espectro radioeléctrico a compañías de telecomunicaciones. El nuevo formato no solamente probó ser más eficiente, sino que le permitió al gobierno norteamericano recaudar 617 mil millones de dólares, cuando anteriormente los métodos de ventas y distribución de estos derechos resultaban tan ineficientes que las ganancias eran virtualmente inexistentes (The Economist, 2020, párr.5).

Este ejemplo da cuenta de un hecho que podríamos pasar por alto: en las subastas no solamente se transan costosas colecciones de arte o prendas de ropa de celebridades fallecidas, sino que se distribuyen recursos como la electricidad, las deudas públicas y las cuotas de emisiones de CO2, cuyo impacto en la vida de las personas y las economías es inconmensurable. Si recordamos que la ciencia económica tiene como una de sus preocupaciones la distribución de recursos escasos, las subastas podrían ser más importantes de lo que asumimos a primera vista.

Los aportes de Milgron y Wilson son resultado de un ejercicio de ingeniería cuya efectividad práctica fue más que comprobada. Pero, más importante aún, podrían respaldar la afirmación de Roth acerca de la creciente relevancia de la ingeniería microeconómica para el futuro de la economía.

 

Referencias bibliográficas:

Nobel Media AB 2020. (2020). The Prize in Economic Sciences 2019. NobelPrize.org. Recuperado de: https://www.nobelprize.org/prizes/economic-sciences/2019/press-release/

Nobel Media AB 2020. (2020). The Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel 1969.  NobelPrize.org. Recuperado de: https://www.nobelprize.org/prizes/economic-sciences/1969/summary/

The Economist. (2020). The Nobel prize in economics rewards advances in auction theory. The Economist. Recuperado de https://www.economist.com/finance-and-economics/2020/10/12/the-nobel-prize-in-economics-rewards-advances-in-auction-theory

Milanovic, B. (@BrankoMilan). (12 de octubre de 2020). I believe that most comments reflect two entirely different views of economics: what it is and what its objectives are. [Tweet]. Twitter. https://twitter.com/BrankoMilan/status/1315841880874254336

 

Sita es estudiante de Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana

Déjanos tu comentario

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This
×