El mercado de valores venezolano, nuestro mercado

Antulio Moya, Profesor de Mercados Financieros y Analista Financiero.

Cualquiera que desee comenzar a invertir en el mercado local puede abrirse una cuenta de corretaje con alguna de las 28 casas de bolsa que hacen vida actualmente en el país y adquirir acciones de algunas de las compañías con más historia y tradición de Venezuela, como lo son: Ron Santa Teresa, Banco Mercantil, Fondo de Valores Inmobiliarios, Banco Provincial, entre otras.

Usualmente, los que seguimos lo que sucede en los mercados financieros, estamos inundados de noticias sobre, por ejemplo, los niveles en los que cotiza al índice S&P 500, o los máximos históricos del NASDAQ o sobre la posible recuperación de la economía estadounidense. En este sentido, muy pocas veces hacemos eco de algún acontecimiento relacionado con el mercado de valores venezolano.  No obstante, existen ciertos aspectos que debemos conocer, más allá de algún interés particular en invertir –o no- en títulos que coticen en el corro bursátil de nuestro país.

Algunos aspectos históricos del mercado de valores venezolano

Según narra la propia Bolsa de Valores de Caracas, corría el año 1805 cuando, en la ciudad de Santiago de León de Caracas, dos comerciantes llamados Bruno Abasolo y Don Fernando Key Muñoz fundaron la Casa de Bolsa y Recreación de los Comerciantes y Labradores –con la autorización previa de la Corona Española-. Tan solo dos años más tarde, se creó el gremio de corredores, con seis miembros autorizados.

En 1873, al inaugurarse el Capitolio Federal, el Presidente Antonio Guzmán Blanco dispuso que los corredores realizaran sus actividades diarias bajo la Ceiba de San Francisco, que figura hoy en día en el logo de la Bolsa de Valores de Caracas. En ese mismo año, el Código de Comercio incluyó las primeras normas legales de la incipiente –pero aún informal- actividad bursátil venezolana.

En 1917, el Congreso Nacional aprobó la Ley de Bolsa, siendo una de las primeras leyes de esta naturaleza. 30 años más tarde, comenzó sus operaciones la Bolsa de Comercio de Caracas, con 22 corredores autorizados, 18 emisiones de acciones, e incluso 6 emisiones de títulos de deuda pública nacional.

Con la aprobación de la primera Ley de Mercado de Capitales, en 1973, se terminaba de aceitar el mecanismo regulatorio del mercado bursátil venezolano. Dos años más tarde se creó la Comisión Nacional de Valores –actualmente denominada Superintendencia Nacional de Valores-.

La década de los 80 puede considerarse como una época de transición para nuestro mercado de valores. Sin embargo, debido a la apertura económica que comenzó en nuestro país a principios de la década de los 90, los volúmenes transados se incrementaron de manera importante. El nuevo dinamismo de nuestro corro bursátil hizo necesaria la modernización de los sistemas operativos de la Bolsa.

Algunos aspectos operativos

En el año 1992 se implementó en nuestro mercado un sistema bursátil –bastante moderno para la época- llamado SATB (Sistema Automatizado de Transacciones Bursátiles), utilizado también en la Bolsa de Valores de Vancouver.

Pasaron solo 7 años antes que el SATB fuese sustituido con otro sistema de vanguardia en los mercados financieros: el Sistema Integrado Bursátil Electrónico. El SIBE, por sus siglas en castellano, fue importado desde España en el año 1999 y hoy en día también es utilizado en la Bolsa de Valores de El Salvador y en los principales corros bursátiles del país ibérico –en una versión más moderna que incluso permite el trading algorítmico-.

La Bolsa de Valores de Caracas funciona como un mercado de subasta, en el que los inversores son representados por las casas de bolsa y sus órdenes de compra/venta son ordenadas de acuerdo a criterios de precio. Cualquiera que desee comenzar a invertir en el mercado local puede abrirse una cuenta de corretaje con alguna de las 28 casas de bolsa que hacen vida actualmente en el país y adquirir acciones de algunas de las compañías con más historia y tradición de Venezuela, como lo son: Ron Santa Teresa, Banco Mercantil, Fondo de Valores Inmobiliarios, Banco Provincial, entre otras. Además, los títulos son resguardados por el custodio por excelencia del mercado de valores venezolano desde 1996: la Caja Venezolana de Valores (CVV).

En la actualidad, una proporción muy pequeña de la población venezolana invierte en la Bolsa de Valores de Caracas. Puede que algunos no lo hagan por desconocimiento y otros por precaución dado el contexto social y económico tan complejo por el que atraviesa nuestro país. En gran medida por esta razón, los volúmenes transados en la Bolsa suelen ser muy bajos –generalmente menos de 100 mil dólares por día-. No obstante, es importante destacar que esto no siempre fue así.

Según el profesor Alfredo Morles (2002), para el año 1997, en la Bolsa de Valores de Caracas se llegó a transar casi 16 millones de dólares por día, con 159 empresas listadas –actualmente son 26- y una capitalización de mercado total que representaba más del 16% del PIB del país.

¿Podrán repetirse los tiempos de bonanza para el mercado?

La respuesta a esta gran interrogante que suelen plantearse los inversores parece estar ligada a una potencial recuperación económica de nuestro país.

Dos grandes macroeconomistas como Burns y Mitchell (1946) explicaban que las economías se mueven en ciclos –expansión y contracción- generados por fluctuaciones de la actividad económica agregada de los países. Además exponían que dichos ciclos suelen repetirse de manera recurrente pero no periódica. Tomando esto en consideración, podemos inferir que la contracción actual de la economía venezolana no durará para siempre, aunque sea imposible saber con certeza en qué momento se revertirá, por lo que es importante tener en cuenta el inmenso potencial de crecimiento del mercado de valores venezolano en un escenario que llegará tarde o temprano: el de la recuperación económica de nuestro país.

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